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  DEPORTES  28 de abril de 2015
Hace 12 años estaba en Coma 3, ahora corrió una ULTRA FIORD de 114K
Rafael Lim es el protagonista de esta crónica que escribió para explicar que es correr una Ultra y terminarla. Todos los detalles de un desafió personal de alguien que estuvo al borde de la muerte y “nunca digas que no podes, inténtalo”, así encara la vida de deportista y la de cada día. Siéntese y lea vale la pena.

Un despierte a las 04.15 AM, daba comienzo a lo que sería una larga jornada. Después de unas tostadas con Nutella y un café, me preparé con todo el  equipo que dejé listo la noche anterior (chequeado y rechequeado). Ya habiendo dejado los 2 “Drop Bags” (Bolsos de Corredor) permitidos, que la organización nos llevaría a los 2 Puntos de Asistencia más importantes, uno en Hostería Balmaceda (km30) & otro en la Estancia Perales (km70), sólo llevaba lo que pensaba me iba a ser necesario en las primeras 5 horas (agua y gatorade); que era lo que estimaba demorar en ese primer tramo.

El traslado desde la Plaza de Armas en Puerto Natales, que sería la meta de la ultra, hasta el Hotel Río Serrano (Partida de 70K & 100K), sólo demoró 1h30´. Algo de llovizna que nos acompañó durante el viaje hasta el lugar de largada, me hacía imaginar que la carrera sería húmeda desde el comienzo. Viajamos hablando junto a Timo, un amigo y tremendo ultra que me dio la montaña.

A segundos de bajar del bus, divisé a algunos corredores de 100 millas (o 174K) que habían largado a media noche, y pasaban por ahí. Cerca de nuestra partida, sería uno de los Puntos de Asistencia de esta distancia (PAS). En ese momento, las pulsaciones comenzaron a subir al ver a decenas de corredores bajar del otro bus y otros más que ya se encontraban dentro del Hotel Río Serrano.  

 Al entrar a la recepción del hotel, veo a la primera persona, un rostro familiar, si, Sofí Cantilo, una de las mejores en esto del ultratrail, con quien tengo contacto vía redes sociales y a quién admiro por su historia y sus tremendas carreras. Ya sabíamos que nos íbamos a ver las caras en este evento, por lo que el abrazo con ella fue muy gratificante. Otro grande del ultratrail con quien nos abrazamos, fue Fernando Nazario (Ganador UTTP 2014 67K & Ganador de ULTRAFIORD 2015 100K), a quien su humildad, lo hace mucho más grande de lo que es. Recibir un consejo de él, fue muy motivante.

“Todos afuera!” escuché decir a la organización, y en unos segundos estábamos en la línea de salida. Palabras de Stjepan Pavicic (organizador del evento) y cuenta regresiva, daban comienzo a Ultra Fiord 2015 100K (114K).

Como había planeado, comencé a un ritmo en el cual me permitía compartir unas palabras con Timo, con quien hicimos las primeras 2 o 3  horas de carrera. A los pocos minutos, llegó el “primer chapuzón”. “Al agua señores!”, y no hasta las rodillas, hasta el pecho!; y que fría estaba el agua! De ahí en más, y hasta el km70, no supe lo que era correr con los pies secos. Luego de salir del agua fue cuestas y barro. Pero mucho barro. Y hasta las rodillas, esa que te atrapa y no te deja sacar la pierna fácilmente. Minutos después, la lluvia comenzó a mojarnos lo que no nos había mojado el chapuzón. Horas corriendo donde se podía, porque en algunos sectores había que ir con las manos en la rodilla o usar bastones (yo salí con ellos). Fue antes de llegar al siguiente Puesto de Control, que tuve una caída en uno de los “pantanos de lodo” y en donde quebré uno de mis bastones (aprendí equivocándome). Traté de que eso no me afectara, porque todavía faltaba mucho. Ya a esa altura, no veía a Timo. Traté de acelerar un poco hasta llegar al punto de control del Lago Brush, en donde marque mi paso. Y nuevamente, al agua fría, pero esta vez, sólo a las rodillas; de paso ayudaba a limpiar un poco el barro que llevaba en los pies. De ahí hasta la Hostería Balmaceda, la lluvia y el barro fueron los protagonistas. No había forma de estar secos.

Una vez en el Puesto de Asistencia del km30 – Hostería Balmaceda (Drop Bag 1), me encuentro con Timo, quien ya estaba hace unos minutos, tomando sopa caliente junto a una estufa a leña, y varios corredores alrededor de él. Algunos cambiándose de ropa y calzado. Otros, como yo, sólo habíamos dejado algo de comida. Sólo atiné a unos sorbos de sopa caliente que me acercaron, y tomé un sándwich de membrillo y queso, un paquete de gomitas, y otro de maníes, pasas y castañas que había puesto en ese primer bolso (Drop Bag 1). Al salir me encuentro con Stjepan, con quien compartimos unas palabras entre risas, sin imaginarme lo que realmente iba a vivir.

A partir de este punto, luego de las 5 horas de carrera (14.00 hs) y algunos metros de desnivel, comenzaba la parte “fuerte” de la ultra. Para mí, comenzaba Ultra Fiord.

Un ascenso de 15km hasta llegar a los 1.250 m; parte en la que nuevamente salí junto a Timo. Pero con un solo bastón, se me hizo más difícil poder seguir un ritmo constante. A los pocos minutos, volví a estar en “mi carrera”. A la lluvia y el barro se le sumó la vegetación. Arbustos de Calafate, y otras especies que sólo recuerdo que lastimaban mis rodillas, y no dejaban que avanzara. El ascenso se hizo muy difícil y para peor, a las pocas horas la niebla que iba y venía hacía difícil ver las marcas y las cintas que marcaban la dirección de la carrera (ya no había muchos senderos que seguir). En esta parte me dije lo “salvaje” que estaba siendo esta ultra.

Ya estando en una de las laderas del primer pico, conocí a Nikki Kimball, y a dos amigos que la acompañaban; Nikki, es una tremenda ultrarunner, de esas personas que ya no van a competir, sino a enaltecer el evento (ella iba por las 100 millas). Di gracias a Dios por permitirme encontrarme con Nikki en la montaña. Y fue con ella con quien compartimos historias mientras subíamos juntos. En varias oportunidades tropecé y caí, porque la superficie era muy irregular y no quería dejar al grupo que estaba delante de mí. Uno de los amigos de Nikki, al verme insistió en que tomara su bastón, el cual acepté y utilicé durante toda la noche. Luego de sortear un tramo duro de ascenso con nieve ya sobre el glaciar, marqué mi paso en el Puesto de Control Chacabuco 1 (a 1.000 m). Todavía faltaban 250 m más para hacer cumbre y comenzar el descenso por detrás de la montaña. Una vez arriba (1.250 m), fue  todo muy “extremo”; pendientes con nieve, laderas de piedra y laja que había que trepar con pies y manos; y partes que había que subir y bajar con muchísimo cuidado, porque el precipicio, estaba del otro lado.

Ya estando en la parte de atrás de la montaña, comenzaba a oscurecer (20.00 hs); habiendo marcado paso en el Puesto de Control – Chacabuco 2, comenzó otra etapa de esta historia. La niebla bajó rápidamente, y junto a la oscuridad de la noche, hizo que las marcas (distantes unas de otras) sean muy difíciles de divisar. Junto a algunos corredores decidimos ir en grupo; y a cada paso nos encontrábamos con otros corredores. No recuerdo exactamente cuánto tiempo, pero pasada la hora de deambular en búsqueda de señales, comenzamos a seguir la intuición hasta encontrar una marca y empezar el descenso. Éramos entre 8  y 12 personas.

Ya entrada la madrugada, era muy difícil seguir un ritmo constante. El cuerpo experimentaba un cansancio nunca antes vivido (16hs corriendo en montaña), y cada movimiento era difícil de controlar, primero porque todo estaba mojado y segundo porque no se veía más allá de lo que iluminaba la linterna frontal. Jamás voy a olvidar la frase de Nikki Kimball: “ Rafael, don´t worry. I will not leaving you here” (Rafael, no te preocupes que no voy a dejarte acá).

Ya habiendo descendido varios metros, llegamos a Campamento El Salto (km45), Puesto de Asistencia donde encontramos una fogata y a Sofí Cantilo, lastimada de un tobillo. Fue a ella quien le conté sobre el quiebre de mi bastón, y me ofreció seguir con los suyos. Un gesto tremendo y un momento único que no voy a olvidar.

De ahí en más el grupo fue separándose y quedé junto a Guille (Corredor 70K), Jota (Corredor 100K) (Juan Antonio Reyes), y más tarde se sumaría Oscar (Corredor 100M). Los cuatro continuamos hasta el próximo Puesto de Control – Campamento Los Bosques. Un tramo del cual sólo recuerdo cruzar 7 u 8 arroyos, muchísimo barro, y repetir para adentro lo que me dijo Pablito: “Pa, un corredor de montaña nunca se rinde”

Ya habiendo descendido mucho, logramos divisar a los lejos el Puesto de Asistencia – Estancia Perales. Llegar hasta ahí fue un “camino de nunca acabar”. Correr pensando que estábamos cerca, y a cada arroyo que cruzábamos, parecía que se alejaba. A esa altura de la madrugada, ya no quería ver más barro. Teníamos un poco de miedo, porque por la oscuridad, no sabíamos la profundidad del río que nos separaba de la Estancia. Ya en un acto de desesperación, comencé a avanzar y crucé hasta el otro lado. Una vez allá les grité al resto del equipo “Por acá!” mientras iluminaba con mi frontal. A esa altura, ya eran mis hermanos. Jamás nos dejamos. Y durante horas avanzamos juntos diciendo lo difícil que hubiese sido hacerlo solo. Recuerdo haberles agradecido por mantenernos unidos durante toda la noche (compartimos el poco alimento que teníamos y algunos analgésicos)

Una vez en la Estancia Perales, retiré mi Drop Bag 2, para poder cambiar de calzado. Ahí comí comida caliente luego de 15 horas. Guille había llegado a su meta (70K) pero no vi salir a Oscar (100M).

En ese punto, aún quedaban por recorrer 44km para llegar a Plaza de Armas en Puerto Natales.

Junto a Jota, decidimos alimentarnos y salir a las 06.00 AM. Ya seco, me senté unos minutos al lado de un calefactor (que hermosa sensación de esos minutos), pero cuando noté que los ojos ya se sentían pesados, me levanté.

Volví a cruzarme a Nikki Kimball, quien me dijo que ni ella ni su grupo seguirían.

Creo que hubo varios que “colgaron sus zapatillas” ahí.

Salimos a eso de las 06.15 AM. La humedad y el frío de la madrugada, trataban de intimidar nuestra decisión de continuar.

En ese momento Leandro Gómez Chavarría (fotógrafo y amigo) me preguntó: “Seguís Rafa?” “Si Lea” le dije. Sus palabras también motivaron “No esperaba menos”.

Los siguientes kilómetros fueron corriendo, trotando y caminando. El dolor en los pies, ya se tornaba insoportable. Luego de varias horas, logramos encontrar el punto de acceso hacia el sendero que nos llevaría a la ruta a Puerto Natales. Lamentablemente no encontramos las últimas señales, por lo que se hizo difícil sentirse seguro mientras se avanzaba. Qué feo es cuando uno piensa que faltan unos pocos kilómetros para llegar a la ruta, y nos confirman que aun, faltan 14km más!!!! (Puerto Consuelo). En este Puesto, volvimos a parar y alimentarnos con sopa caliente (luego de 5 hs de la última comida en Estancia Perales).

Después de unos minutos, salimos por los últimos 20km que nos separa de la meta (14km de ripio y 6km de ruta).

Luego de 90km de montaña y muchos durante la noche, tratar de correr era un calvario. Correr unos minutos, y caminar otros, durante casi 10km fue nuestra estrategia, hasta que faltando unos 4 km para la ruta, le dije a Jota “Ahora apreta” y comencé a acelerar el paso. Ni yo sé cómo logré mantener los 4´30”/km hasta llegar a la Plaza de Armas.

Lo primero que hice al cruzar la meta fue arrodillarme y agradecerle a Dios por haberme ayudado a terminar esta tremenda ultra. La más salvaje y extrema que corrí. La más larga y difícil de terminar.

Fueron 114km con 4.000 m de desnivel, y tardé 29h 04´01”. Terminé en el puesto Nro. 19 de 48 corredores de 100K (sólo llegaron 29)

Hoy, puedo decir que di todo, para que el esfuerzo que hicieron muchas personas por salvar mi vida hace 12 años, haya valido la pena. Si, lo hice!

Escrito por Rafael Lim.

 



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